25.5.13


Quisiera tener las mejores respuestas para todo lo que pasamos. Porque las que poseo se basan en cómo lo viví y en lo que me convertí. Ojalá siempre nuestro cariño y deseos fueran correspondidos. Ojalá no tuviéramos que alejarnos de alguien por respetar su derecho a no sentir más amor, a no querer seguir un mismo camino. No sé si a todos les pase lo mismo, pero cuando yo enfrenté una situación así y no me ofrecieron esperanza alguna, para poder seguir me aferré a las imposibilidades. Traté de respetar lo que el otro quería y retirarme, con el ánimo y el corazón raspadísimos, mas segura de que era lo mejor. El amor y el desamor pueden ser tan sencillos y tan complejos como queramos. Y si alguien nos dice y demuestra que no nos ama, que no nos quiere a su lado ¿vale la pena quedarse? ¿vale la pena vivir el desamor? ¿tiene algún sentido imponer nuestra presencia? Tal vez, aconsejados por la incomprensión y el coraje, pensemos que sí. ¿Ya no me quieres? ¡Ah, pues ahora te jodes!, que aquí me quedaré hasta que algo pase. Quién sabe qué, pero algo.
Mi respuesta ante tales planteamientos fue no. No vale la pena para nadie. Pero ¿qué pasa cuando alguien se arrepiente de habernos alejado de su vida? Todo. El mundo al revés de nuevo. Vuelvo a mí, porque uno siempre habla desde su experiencia. Partí de ese "ya no creo en nosotros" para empezar de nuevo. Cada vez que flaqueaba y pensaba que podría haber una esperanza, regresaba a los últimos días. Recordaba sus palabras, su indiferencia y todo eso me daba "fuerza" para respetar su adiós.
Ahora me siento como si dependiera de mí el futuro de dos. Y no quiero, no me gusta tener esa sensación. Cada quien debería hacerse cargo de su vida, de sus decisiones. Ojalá siempre fuéramos firmes con lo que deseamos. Tanto con el querer como con el no querer. Porque un arrepentimiento es sinónimo de que todo lo que pasó pudo haberse evitado. Mas no se puede evitar lo que ya pasó.

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