18.1.13


Chavela Vargas canta que "uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida". Por eso estoy aquí. Conforme avanzo, hay personas, temas y lugares prohibidos para mí, a los que sólo puedo regresar a través de los recuerdos... o las letras. Regresar también me sirve para leerme, ver que ha sido de mi vida los últimos años, quién he dejado de ser. Si no me conociera, si fuera un extraño que de repente se topa con este espacio, imágenes y textos, me leería como una persona triste. Tiendo a plasmar más las cosas que me afectan de forma negativa que aquellas que me brindan momentos de luz. Qué le voy a hacer, así soy. El consuelo es saber que siempre hay opciones y que, a pesar de todo, también hay tiempo, aunque el alma sea más vieja, el corazón más desconfiado y el cuerpo no responda igual. Aunque nos desdibujemos ante el espejo.
Hace poco alguien me dijo que el dolor es una forma de rencor. Y a mí hay muchas cosas que me duelen, tengo que aceptarlo. La palabra rencor se deriva del latín rancere, que en esencia significa rancio. Algo rancio adquiere un olor o sabor más fuerte del que tenía en un principio, y esto puede ser para bien o para mal. El término también se utiliza para describir a una persona malhumorada, de esas que permiten que la sonrisa se les vaya del rostro. 
Bueno, sé que no quiero eso. Y sé que saber qué no quiero en mi vida es una buena forma de comenzar lo que sea que esté empezando.
Por lo pronto, sé que no quiero dejar de hacer cosas divertidas ni de sorprenderme. Tampoco quiero quedarme con ganas de dar un beso, un abrazo, una caricia, de demostrar amor y cariño. No quiero dejar de sentir.

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