17.8.12

Vivir

Apagué la luz para encender su recuerdo. Apareció, además, la nostalgia 
En aquel tiempo, darle vuelta a la hoja era muy fácil. Era un proceso que me tomaba dos o tres semanas. Me sumía en una profunda tristeza, a llorar, sí, llorar; pasar por todos los estados emocionales que José Alfredo Jiménez describe en sus canciones de desamor. Vivía el dolor intensamente para que fuera más fácil sacudirme las tristezas. Lo imaginaba como cuando te hundes con toda intención en una alberca y te vas al fondo para impulsarte y salir a flote. Eso pasó varias veces. No sé si en realidad lo superaba o yo me hacía esas ideas. Pero sé que después de eso era más fácil seguir (o al menos así lo sentía). Bueno, todo lo anterior viene a colación por las líneas que anteceden a este texto y que están, digamos, recién paridas, y que me hicieron pensar en que ahora estoy lejos de vivir las cosas de esa forma. Cada vez es más difícil dejar atrás personas, lugares vivencias y recuerdos. Tal vez no lloré lo que debí cuando debí. Por eso el pesar a cuestas. No lo sé. Aunque para ser honesta, a veces siento que ya estuvo suave de vivir en el azote. Y en esos momentos, me dan ganas de escribir: 
 Apagué la luz para encender su recuerdo. Apareció, además, la nostalgia. Supe que podía seguir así, queriendo así. Pero no tiene caso, no lo deseo. Encendí la luz: decidí vivir.

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