12.8.11

: Fugu

Las olas saludan nuestra piel y visitan cada uno de sus recovecos. Golpe a golpe esculpen nuestras almas, lamen las heridas y se atoran (quizá por un momento) en alguna de nuestras cicatrices. Su favorita es el ombligo. Ahí se acurrucan y fundan un oasis. El mar ahoga nuestra memoria. Los peces se comen nuestros recuerdos.

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