18.12.10

: Transbordar



En cuestión de viajes, odio transbordar. A diferencia de la vida, debería haber pasajes directos a todos lados, sin detenernos, dejando las escalas a un lado. Es como para que ya hubieran inventando vehículos que no necesitan recargar combustible. O bien, si necesitan hacerlo, pues hacerlo y ya. Hacerlo y seguir.

Detesto esperar las salidas y por eso casi siempre (cuando es posible) llego diez o cinco minutos antes de lo que indica el boleto. Pues bien, ahora estoy atorada entre dos horarios, así que la espera será mayor. Infinita. Sin buen café, con pésima música ambiental. Y con tantas ganas de estar en casa, hundirme en la cama y resucitar al tercer día, según mis escrituras.

En este rincón del mundo, atrapados, esperando rutas a nuevos y ya conocidos destinos, retamos al tiempo. Desafiamos posturas habituales. Aquí todo está permitido. Las maletas se transforman en almohadas. Las bancas, las mesas –incluso el piso- pueden servir de cama.

Instrucciones para dormir en mesa:
Busque una mesa. Coloque su equipaje encima de ella. Ahora cruce sus brazos apoyándolos sobre la maleta. Deje caer el torso. Hunda su rostro, cierre los ojos, sueñe. 

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