16.4.10

: En el principio, fue la música...

The song of the sparrows
Desde siempre la música me ha servido para hacerme la vida más ligera. Pero estas últimas semanas ha sido el cine quien ha relevado esa función, específicamente las películas del realizador iraní Majid Majidi.
Por lo regular soy un poco desconfiada al momento de elegir lo que voy a ver, por lo que busco referencias que me muevan a ello. Con Majidi no sucedió así. La persistencia de Aldo para que viera Childrens of heaven me hizo ceder sin contar con referente alguno más que su opinión de que valía la pena verla. No recuerdo la fecha exacta, pero eso fue hace más de un año. 
La película me gustó por su narrativa sencilla, tomas bien cuidadas y, principalmente, por la anécdota de la que surge todo: Un niño (Alí) lleva a reparar el único par de zapatos que tiene su hermana menor (Zahra). Cuando va a recogerlos aprovecha para hacer otras compras y antes de entrar a una tienda los deja sobre unos bultos. Un ropavejero pasa por ahí y piensa que es basura. 

Alí regresa a casa sin los zapatos y para evitar que sea regañado acuerdan no decir nada; Zahra se llevará los zapatos de él a la escuela y al salir de ésta, tendrá que regresar corriendo para que él haga lo propio. Este hecho aparentemente sencillo se convierte en una tragedia en el universo de los niños, pues a partir de ese momento ambos, principalmente él, se enfocarán en recuperar los zapatos o en encontrar la forma de sustituirlos. 
Childrens of heaven fue un buen punto de partida para conocer el trabajo de Majid Majidi no sólo como director sino como guionista. A manera de lupa, su cámara hace zoom in a distintas problemáticas de la sociedad iraní que no nos son ajenas: pobreza, desempleo, migración, ilegalidad, esclavitud, tráfico de niños y niñas...
También explora emociones y experiencias que todos los seres humanos compartimos, como la reacción de un adolescente tras enterarse que su madre se volvió a casar (Father, 1996), o lo que significa para un hombre maduro recuperar la vista que perdió cuando era un niño (The willow tree, 2005). 
A lo anterior se suman una serie de metáforas y símbolos que nos permiten como espectadores participar en la conclusión de lo que Majidi nos presenta como propuesta.
Destaca además la presencia infantil en la mayoría de sus historias, y la connotación de inocencia, honestidad y esperanza que atribuye a esa etapa de la vida.  
Y aunque no he visto todas sus películas (The color of paradise está pendiente), me gusta la forma en que maneja los momentos dramáticos, sin caer en los extremos, mostrándolos simplemente como parte de nuestra vida. Además te da elementos para reconocer que a pesar de la decadencia que imperan en el mundo, aún hay personas que valen la pena.
Si ustedes, como yo, se resisten a veces a ver una película por desconocer de qué trata o quién la dirige, tienen mi palabra de que a Majid Majidi hay que darle el beneficio de la duda.
*****

Majid Majidi nació en 1959, en Teherán. En 1978, después de la revolución islámica, su interés por la industria cinematográfica lo llevó a actuar. Después se convirtió en ayudante del director Mohsen Makhmalbaf. En 1981 dirigió su ópera prima, el documental Explosion (Enfejar); en 1984 Hoodaj, su primer cortometraje; y en 1992 Baduk, que inició la lista de sus (hasta ahora) siete largometrajes.

1 comentario:

tOnYtO dijo...

hoy a las 2 pm hay marcha en protesta por los acontecimientos en coapala. Partirá de Humanidades. Espero puedas asistir, Saludos.