24.11.09

"Y yo que sí..."

Como en la canción En el bosque de la china, unos dicen que sí, otros que no. “No” es una decisión oficial –que conste. “No” fue autorizada por el gobierno, el único facultado para decidir algo así.
    Me extraña que las autoridades en turno, que se jactan de estar al tanto de t-o-d-o lo que acontece en Veracruz, se refieran al aumento de la tarifa del transporte público como algo que no sucedió. O que no tenía porque suceder pues  “No” apareció publicado en la Gaceta Oficial del Estado. 
    ¿Cuál aumento? Preguntó el gobernador Fidel Herrera a los estudiantes que protestaban porque a ellos, que “Sí” utilizan el servicio, les cobraron dos pesos más al subirse al camión la mañana de ayer.
    Pero desde el fin de semana pasado, los camiones ya portaban avisos improvisados de que el pasaje aumentaba.

    Los concesionarios del transporte público dicen que las autoridades "Sí" dieron luz verde al incremento. De cinco a siete pesos para la población en general. De cuatro a seis pesos para estudiantes y personas mayores de setenta años. Bajo advertencia no hay engaño, y este lunes esa fue la tarifa vigente.
    Los estudiantes protagonizaron manifestaciones no violentas (como algunos medios fieles lo publicaron) sino lógicas desde mi punto de vista.
    Y aunque ayer por la noche el gobernador hizo oficial el "No" al incremento no garantizó que la decisión sea permanente. En contraste con los dichos de Fidel están los hechos. Pareciera que las decisiones anárquicas por parte del sector empresarial no le preocupan.  
    Lástima que necesitemos el transporte público para trasladarnos a la escuela, al trabajo o a lugares recreativos, pero sería genial depender cada vez menos del servicio.
    No sólo representaría un castigo para quienes se benefician con el aumento. Significaría, además, un respiro para los que habitamos la ciudad y nos tragamos no sé qué cantidades diarias de bióxido de carbono que sus “verificados” escapes sueltan a diestra y siniestra.
    La cicatriz negra que acompaña el derrière de los autobuses constata lo anterior. Y esto pasa en un estado donde se impulsa una “nueva política ambiental”, según versiones oficialistas.
   Decirle adiós al transporte urbano nos obligaría a retomar otras formas de movilidad, diferentes a aquellas que impliquen motores y combustibles derivados del petróleo. Caminar, para quienes recorremos distancias cortas no suena nada mal. ¿Montar en bicicleta? Bueno, la geografía de la ciudad es todo un reto, pero no uno imposible de superar. Más bien, lo difícil aquí sería cultivar una cultura pro-ciclista, algo que varios grupos locales han emprendido ya, convirtiéndose así en una posibilidad que germina.
    Aunque también sé que muchas familias viven de los ingresos que genera, y no me refiero a las de los empresarios o concesionarios, sino a las esposas, hijos y demás parientes de los choferes. Así que desconozco la viabilidad de lo que líneas atrás sostengo.
    Mientras tanto, mientras lo permitamos, las decisiones de todos se concentrarán en un minoría. Y a quienes no nos quede otra opción, en el caso del servicio urbano, seguiremos utilizándolo. Sea pésima o no la calidad del servicio que prestan. Provoquen o no tantos accidentes –y muertes. Decidan –o no- siempre “Sí” subirle al pasaje.

1 comentario:

Jorge Ricardo dijo...

Su, siempre con la vena periodística. Por cierto, hace tiempo que no leía un artículo de "Líder" y me pareció que era alguno de hace dos o tres años, sólo con las fechas cambiadas... En fin... Pero gracias a ti por tu visión. Un abrazo.