6.9.09

.: El Faro :.

Lunes 2 de octubre, 2006, Orizaba, Veracruz
Foto Susana Castillo
Hace unos minutos revisaba en línea la edición 1714 del semanario Proceso y aunque no tengo acceso al texto completo de los artículos, me interesó uno que se titula "Nosotros somos los zetas", firmado por Óscar Martínez. Total, comencé a leer y me enteré que se trata de una versión abreviada del reportaje que apareció originalmente en un diario digital de El Salvador llamado El Faro y que presume de ser el primero en su tipo en latinoamérica.
Afortunadamente está en internet y no hay restricciones para leerlo enterito. La cabeza versa: "Los secuestros que no importan". La primera imagen que ilustra el texto es la fotografía de un migrante guatemalteco, Héctor, quien fue secuestrado cuando pasaba por Orizaba, Veracruz, en su trayecto a los Estados Unidos. Como él, muchos indocumentados padecen infinidad de abusos por parte de
autoridades y delincuentes (que para el caso es lo mismo), se exponen a perder una parte de su cuerpo e incluso la vida al viajar en tren, toleran violencia de todo tipo con tal de llegar a otro sitio donde supuestamente les espera algo mejor.
El 11 de enero de 2008, en la colonia Modelo de Río Blanco, tuve oportunidad de platicar con un grupo de hondureños que descansaba junto a las vías, esperando el tren para continuar su viaje. Esto salió publicado en un diario de circulación local:

Sólo Dios sabe


Los durmientes del tren les indican a los migrantes el camino a seguir. Es fácil distinguirlos por su aspecto, su acento, el color de su piel, por la forma en la viajan; son vigías clandestinos del ferrocarril. En la colonia Modelo de Río Blanco, sentados sobre el pasto seco a menos de un metro del paso del tren, los vi. La mayoría proviene de Honduras, de donde salieron el 26 de diciembre de 2007; llegaron ayer, jueves, tras dieciseis días de viajar en tren.
Christian Ariel Miranda, de 21 años, es uno de los diez hondureños que pernoctó a orillas del canal de agua sucia que pasa por la citada colonia. Esta es la segunda ocasión que intenta cruzar la frontera; en 2006 llegó a San Antonio y fue deportado.



















Christian Ariel Miranda (2008)
Fotografías Enrique Rivas


"Estuve preso, luego me regresaron, pero todo bien, no hubo abuso ni nada de eso"

Dos de sus hermanos y ocho tíos viven en Estados Unidos y aunque no tiene ni idea de qué trabajo podrá realizar allá, alberga muchas esperanzas", siente que le irá mejor que en Honduras.
"En mi país sí hay trabajo, pero ganas sólo para mantener a la familia, no te da para comprar otras cosas. Yo siempre he tenido este sueño de ir a Estados Unidos, para ayudar a mi familia y tener mejor porvenir".
Para evadir a las autoridades migratorias, se "apean" del tren antes de que pare, lo rodean, esperan que comience a andar y corren para alcanzarlo.
"Cuando sales de tu país sales bien, pero luego cuando cruzas a otras tierras te agarran, te regresan y tienes que venir escapando de policías".
Sin despojarse ni un instante de sus lentes oscuros, Christian platica que en el trayecto no han tenido ningún accidente, También dice que no viajan con dinero para evitar abusos.
"Todo ha salido bien gracias a Dios, la gente nos regala agua o comida, mientras uno se porte bien nos ayudan".

Erlin Samir (2008)

"Vale la pena arriesgarme porque quiero encontrar a mi mamá, volverla a ver..."

Hace dos años, Erlin Samir vio por última vez a su mamá. Por tal motivo, decidió salir de Honduras para alcanzarla en Tijuana pues se enteró que ahí vive y que tuvo un hijo. Ella se llama Norma Leticia Perdomo. El niño de 12 años dijo: "vale la pena arriesgarme porque quiero encontrar a mi mamá, volverla a ver".
La única mujer del grupo, Janette Rivas, tiene 29 años y salió de El Salvador el 16 de diciembre de 2007; allá dejó a sus hijos de 10 y 12 años. "Me preocupa mucho haber dejado a mis hijos, si pudieran leerme les diría que los amo mucho y que estoy bien". Con ellos también viaja Wilmer Herrera, quien ya tiene familiares y amigos "del otro lado" y espera que no sea tan difícil encontrar un empleo.
Tanto Christian como sus compañeros desconocen cuándo podrán llegar a la frontera con Estados Unidos. A lo lejos, antes de recostarse otra vez en el pasto, uno de ellos dice: sólo Dios sabe.


No hay comentarios: