30.6.09

Departures

I took this picture near the place where I work...

In my country,
when somenone dies, is tipical put candles in the place where died. But when the person dies because of an accident or a sudden death, days later, in the same place, the family put a cross with the name and the date of that decease.

29.6.09

A kind of try

Just a draw

Ehem, ehem, citizens from Holland, Belgrade, Bratislava, Jakarta, California, Leuven, Sri Lanka:

I've been considering writing in english too, because it’ll be hard to me learn (and write) in the language from the each and everyone who visit this space… i hope you understand me.

By the way, thanks so much for take a time to come here and read me. I enjoy (a lot) knowing somebody, somehow, talk with me beyond the borders. So, greetings for all of you from Xalapa, Veracruz, México.

Mis saludos y agradecimientos van por igual a toda la gente de Ecatepec, Guadalajara, Apizaco, Querétaro, Veracruz, México, Tijuana, Orizaba, Xalapa, Torreón, Ecuador y Eche (España), Comunidad Valenciana, que también se dan una vueltecita por acá.

¡Un abrazo grande para todos!

In english:

My gratitude and greetings are the same for all the people from Ecatepec, Guadalajara, Apizaco, Querétaro, Veracruz, México, Tijuana, Orizaba, Xalapa, Torreón, Ecuador and Eche (Spain), who also gave a tour around here.

A big hug for all of you!

22.6.09

Puro cuento


Santo Paseo


Pantaleón, Pantita para los cuates, es un niño de nueve años que vive al cuidado de su abuela Felipa pues sus papás se volvieron gente de ciudad y abandonaron la sierra y todo lo que les recordase a ella. Sólo muy de vez en cuando le mandan paquetes con golosinas y ropas, juguetes y distracciones de niños citadinos. Lo único que ha rescatado de esas entregas es un radio color azul, que guarda celosamente en un huacal de madera junto con lápices que pintan de colores y hojas que a menudo están tiznadas de carbón. A Pantita le gusta la montaña. El azul del cielo, las nubes que dice él, son de algodón. Le gusta tener la piel del color del barro y que esté quemada por el frío y por el sol. Sus pies ya se amoldaron al suelo, a las piedras. Sus manos a la tierra y las semillas. Pantaleón y Felipa se pasean entre alcatraces y mazorcas. Siembran, cosechan y viven. Se tienen el uno al otro y así son felices.

Julieta es la menor de sus hermanos. Se la vive regalando sonrisas y siempre esta pendiente de los camiones que salen o entran del pueblo. Le gusta imaginar que sube a uno y se va lejos. Ella quiero conocer el cielo que bajó a la tierra y que sabe a sal, como ha escuchado en las historias que su padre suele contarle. Julieta y Pantita se ven de lejos. Se sonríen y se hablan con los ojos. Pantita acostumbra prender su radio por las tardes para escuchar los sonidos, las voces y la música. Julieta se sienta a su lado, cerca del desfiladero, con la ciudad a sus pies.

La iglesia pintada de colores llamativos es lo primero que se ve al llegar a San Miguelito de los Alcatraces. No hay calles bien definidas, sino caminos, terracería y al final de todas las casitas, el camposanto. Dentro de la austera construcción hay unas cuantas bancas de madera de pino, ajadas por el tiempo. En el altar principal, bañado por un haz de luz y tallado en madera está el santo patrono del lugar. Es una figura muy peculiar de no más de 45 centímetros de altura. Por ser una comunidad enclavada en la sierra no hay un sacerdote de planta. Cada domingo llega uno diferente y sólo oficia la misa de doce. Hace un par de años, un falso párroco llegó a San Miguelito de los Alcatraces y saqueó las pocas imágenes que albergaba la iglesia. Decidieron hacer una réplica en madera, que pintada, se convirtió en copia fiel de la original.

Así, cuando la lluvia no cae y la cosecha está a punto de secarse, las mujeres le rezan al santito para que traiga agua en abundancia. Y si alguien del pueblo se enferma, le encienden decenas de veladoras pidiendo por su pronta recuperación. La figura de madera es tan venerada, que la gente se congrega en la víspera de año nuevo nomás para hacerle compañía y de paso, pedirle los colme de bendiciones todos los meses por venir. Pantita no es ajeno a la creencia de que el santito es bien milagroso, por eso va a verlo todos los días. Antes de que los gallos comiencen a cantar él agarra camino, presuroso, para regresar antes de que Felipa abra el ojo. La primera vez que fue, a los cinco años, su principal pedimento era que sus padres regresaran al pueblo. Tiempo después, cuando le avisaron que se lo llevarían con ellos a la ciudad, rezaba para quedarse.

Un día, Pantita encontró a Julieta en la iglesia, hincada, con las manos entrecruzadas a la altura del pecho y los ojos cerrados, apretados. Lo que más le sorprendió fue descubrir que la niña lloraba. Notó que al escurrirse por sus mejillas, las lágrimas le despintaban la cara. Al día siguiente, en espera de que sucediera lo mismo, decidió esconderse detrás del altar para ver si descubría el motivo de los rezos de Julieta. Doce semanas después, por fin lo supo. Su amiga chillaba porque su papá estaba lejos, trabajaba cuidando ganado ajeno, cerquita del mar. Ella se quería ir con él, ayudarle en sus tareas y después, sentarse en la arena a tomar agua de coco, remojar sus pies en esa fuente inagotable de agua con sabor a sal.

Fue así como Pantita agarró la costumbre de aprenderse lo que pedía Julieta. Cuando ella salía de la iglesia y después de hacer su oración acostumbrada, ahora pidiendo que su abuelita viviera hasta que él se muriera, él repetía todo lo que la niña había dicho. Pero ya habían pasado tres años y nada. Julieta seguía con su rostro despintado. Se daba cuenta de eso cuando la tenía cerquita y ambos pegaban una oreja al radio azul. El tizne del carbón, que vuela cuando se prende el anafre, no cubría toda la cara de la niña. Justo debajo de cada ojo se dibujada una línea más clara, esa que evidenciaba su tristeza. Cansado de ver que el santito nomás no le hacía el milagro de que su amiga conociera el mar, Pantita decidió raptarlo.

(Continuará... aquí)

18.6.09

Frágil

De la serie Frágil
Saraí Ojeda es una escorpio nacida en octubre. Gran parte de su infancia fue criada por su tío abuelo Raymundo, quien solía caminar llevándola de su mano y con la otra, sostenía una cámara fotográfica. Así nació el interés de la fotógrafa orizabeña por el mundo de las imágenes y las amplias posibilidades que éste brinda.
 "Lo que me enamoró de la foto fue la experiencia de salir a la calle y tomar fotos de lo que me gustaba, pero no vino como experiencia aprendida sino que se activaba de mi experiencia vivida en la infancia pues durante muchos años fui criada por mi tío abuelo quien amaba la fotografía y tenía una hermosa cámara Retinette de 35mm con un lente Schneider", explicó.
Para ella, aunque él no fue un gran fotógrafo ni un gran empresario o científico, sí era un ser humano que disfrutaba su libertad. Así, a través de esa cámara, don Raymundo captó momentos únicos no sólo de la infancia de Saraí sino de todo lo que le gustaba.
"Cuando él murió yo solo tenia 9 años y fue hasta los 19 que tomé por primera vez una cámara reflex. Fue como revivir esa parte de mi infancia que disfruté enormemente, ahora entiendo claramente lo que experimentaba mi abuelo Raymundo al hacer mío un instante y hacerme una sola con mi cámara", prosiguió.
Marsahll McLuhan decía que las palabras son la extensión del hombre, como las manos lo son del cuerpo. Para la fotógrafa, la cámara se ha vuelto ya una extensión de sus pensamientos: "eso para mí significa vivir en libertad".
La aparición de la camara estenopeica en su camino se debió a un accidente mecánico; un día su reflex se descompuso y encontró la Retinette de su abuelo. Poco a poco Saraí descubrió las posibilidades que las cámaras y técnicas antiguas le brindaban para experimentar. En su andar conoció a varios personajes que enriquecieron su visión sobre el mundo de la fotografía, personajes que como ella se apropian de instantes que para muchos pasan desapercibidos.
"Uno de esos personajes es Byron Brauchli, de quien he aprendido la hermosa técnica del heliograbado; no es sólo hacer mío el instante sino también hacerlo estampa. Así como a Everardo Rivera quien ha desarrollado mi enamoramiento por obtener mejores resultados a través del manejo de la luz, y Arturo Fuentes "El Chato", quien más enamorado de la foto no podría estar. Ellos son mi principal influencia".
 Hoy a las 20:00 horas se inaugura la exposición Frágil de Saraí Ojeda en la galería de la Facultad de Artes Plásticas de la UV, en Xalapa. La muestra está formada por 34 imágenes tomadas con cámara estenopeica e impresas en papel de algodón mediante la técnica de heliograbado.
 


Saraí posando con una de las cámaras estenopeicas que ella misma fabrica

1.6.09

.: Espiración :.

El aire se mueve lento entre los días, los días que se pintan de rojo, azul y negro, el negro del café que sorbo a tragos, los tragos que le doy al vaso de agua, agua que corre porque no la bebo, bebo porque hay momentos en los que me siento seca, seca de ideas, pensamientos y ganas, ganas de ser ave y volar lejos.