28.3.09

Salmo 1

Contrastes
“Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del Partido 
ni asiste a sus mítines 
ni se sienta en la mesa con los gangsters 
ni con los Generales en el Consejo de Guerra 
Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano 
ni delata a su compañero de colegio 
Bienaventurado el hombre que no lee los anuncios comerciales 
ni escucha sus radios 
ni cree en sus slogans 
Será como un árbol plantado junto a una fuente.”
Ernesto Cardenal

26.3.09

Par de necios

Leticia y Silvio

Nada me hace más feliz que ver bien a mis amigos. Y Leti es una de las más queridas. Hoy me tocó cubrir la inauguración de la exposición fotográfica de Pedro Meyer sobre la guerrilla nicaragüense, en el Museo de Antropología de Xalapa. Además del fotógrafo y de Ernesto Cardenal, ¡oh sorpresa! estuvo Silvio Rodríguez.

Entre otras cosas, con Leti comparto el gusto por su música pero he de ser franca al decir que ella tiene un cariño muy especial por sus letras. Así que en cuanto me enteré le marqué a teléfono móvil y le dije: "deja lo que estés haciendo, toma un taxi y lánzate pa' ca".

Por poco y no llega, pero justo cuando Silvio caminaba para abordar una camioneta negra, el taxi con mi amiga hizo su aparición. He aquí el feliz resultado.

Mi vida va prohibida, dice la autoridad...

"Él decide lo que va, dice lo que no será, decide quien la paga dice quien vivirá..."
Señor Matanza, Mano Negra
Vaya si "nuestras autoridades" son una belleza. Al parecer no tienen cosas más importantes que atender o más bien, sus acciones son tan poco efectivas que buscan cualquier pretexto para llamar la atención con el gastado discurso de proteger los intereses de nuestro México lindo y querido.

Ayer en La Jornada se publicó la nota Manu Chao reafirma su compromiso con los presos de Atenco, firmada por Cecilia Durán y Jorge Caballero. En ella se daba cuenta de la participación del músico en el la edición 24 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, coordinando la selección Cinelandia. Como es sabido, Manu se define a sí mismo como ciudadano del mundo y desde hace muchos años se ha caracterizado por apoyar causas sociales con un férreo compromiso que trasciende el sólo posar y sonreír para la foto.

Pues bien, en su declaración compartió lo determinante que fue para él conocer la causa zapatista; lo infeliz que le hace vivir en un mundo lleno de injusticia, donde el dinero mata más que las armas; también habló sobre las muertas de Juárez y reiteró su apoyo a los presos de Atenco.

Y es precisamente en este punto donde el oportunismo gubernamental entra en escena. Manu expresó: Estamos preparando muchas cosas juntos para intentar terminar un día con la injusticia y que la gente entienda que puede ocurrir lo mismo aquí a un lado. (Atenco) Es un terrorismo de Estado.

Terrorismo de Estado. Dieciocho letras son suficientes para que el secretario de (in)Gobernación, Fernando Gómez Mont ordenara a sus subordinados investigar a Manu Chao, para conocer su situación migratoria, a qué vino, qué dijo. ¿Qué tal?
El argumento es que, según versa el artículo 33 de la Constitución, ningún extranjero puede inmiscuirse en los asuntos políticos del país y por ello le pueden pedir -amablemente, eso es seguro- que haga maletas y se regrese por donde vino.

Esas 18 letras, entre las cuales destacan siete vocales, son suficientes para llamar la atención de la nación mexicana. Porque son más impactantes que los 10 mil 475 homicidios violentos (contabilizados hasta el 13 de marzo de este año) que se han registrado desde que Felipe Calderón Hinojosa es Presidente. Porque superan, por mucho, el que 4 de cada 10 mexicanos sean pobres (En 2008 se contabilizaban 106.7 millones de habitantes; el cuarenta por ciento serían 42.68 millones -de pobres-).

Mejor aún, porque las palabras de Manu trascienden más que las del director de Inteligencia de Estados Unidos, Dennis Blair, cuando dijo que el gobierno de Calderón era incapaz de controlar México, en franca alusión al problema del narcotráfico.
La respuesta de Gómez Mont fue limitarse a calificar la declaración como desafortunada. ¿Por qué a él no lo investigan?

Y como ese ejemplo hay tantos. Políticos, escritores, analistas, intelectuales y artistas extranjeros han opinado infinidad de veces sobre la situación de nuestro país. ¿Eso es inmiscuirse en asuntos políticos? Al parecer sí, porque no forman parte de lo que le interesa al Gobierno.

Porque el hecho de que Estados Unidos ofrezca ayuda militar y marque las pautas a seguir en diversos sectores de nuestra sociedad de ninguna manera puede tomarse como intromisión. Tampoco la visita de Hillary Clinton quien por cierto posó y sonrió para la foto con jóvenes indígenas ayer, en Bellas Artes, clara muestra de que ella sí está comprometida con las etnias y sus causas, no cabe duda.

No hace falta reflexionar horas para darnos cuenta que la verdadera mano negra no es la del buen Manu. A ver en qué acaba todo este numerito.

25.3.09

Del morralito de letras...

La foto es del pasado domingo (22 de marzo) durante una visita al camposanto. El texto tiene un par de años.

Flores para la abuela

Es la noche más corta que he vivido. La abuela murió un día después de haber regresado a casa, tras su estadía en el hospital. Llevaba 2 años acostada en una cama y sólo se levantaba para lo necesario. El tiempo consumió sus ganas, opacó sus ojos y pintó de blanco sus rizos. Por recomendación del geriatra, sus cuatro hijos decidieron internarla, nada consolaba a la abuela: dejó de comer y la medicina no era suficiente.

El sábado que se fue cumplí 26 años. Recuerdo que dos paramédicos la recostaron en una camilla y la cargaron para subirla a la ambulancia que esperaba frente a la puerta principal. Las personas que caminaban en la calle volteaban curiosas. Sus hijas, mi madre y mi tía, irían a su lado; mis 2 tíos, con sus respectivas esposas, la seguirían en un carro; los nietos nos quedamos a esperar. Julieta, mi abuela, llevaba las manos entrecruzadas sobre su estómago; jugaba con sus dedos pulgares pasando uno sobre otro. Me despedí de ella y le pedí que se portara bien. Con una sonrisa, me dijo adiós y esa fue la última vez.

Tres días después, cuando regresó, ya no me hablaba, ni me miraba. Tampoco podía acariciar mi cabello, como solía hacerlo. Su cuerpo inmóvil, recostado sobre la cama de cedro, resistía ayudado de un tanque de oxígeno y suero. Al inhalar y exhalar hacía un ruidito extraño, que al paso de las horas se convirtió en esperanza; su respiración era la única señal de que permanecía con nosotros.

Fue la primera vez que comprendí la fragilidad de la vida, lo fugaz de una sonrisa y lo necesario que a veces, puede ser un abrazo. Imaginaba que la abuela, en su inconciencia, vagaba por todos los lugares que siempre quiso conocer. Me preguntaba dónde andaría, a quién visitaría en ese letargo: no sabía si ella sentía mi boca rozando la delgada piel de sus manos. Las lágrimas se me escapaban al recordar su voz, tarareando alguna canción vieja.

Transcurrió el martes, me reporté en el periódico, regresé y todo seguía igual. A la hora de dormir, me recosté a su lado, pendiente de sus signos vitales. Vinieron a la mente todos esos momentos en los que la desesperación me ganó y el egoísmo salió a flote; no fui paciente con ella, no valoré su cariño y ese era el peor castigo. Me sentía culpable por querer que despertara y aún hoy, no dejo de recriminarme todo lo que no dije, todo lo que dije de más.

En el ambiente se respiraba un dejo de resignación. Si bien es cierto esperábamos que la vida fuera generosa y nos la devolviera, también lo es que ella lucía cansada. La tarde del miércoles –mi horario en el periódico es vespertino-, fui a trabajar. Salí temprano, pasé a la panadería y ahí, una viejecita me vendió un ramo de gardenias.

A unos pasos de mi calle sonó el teléfono móvil: era Maricarmen -mi prima- para preguntar dónde estaba. Cerca, contesté. Al tiempo en que caminaba observé mi casa, todas las luces estaban encendidas. Al entrar, las caras largas, tristes: mi abuela dejó de respirar. Irónicamente, las gardenias fueron las últimas flores que compraría para ella. Y las primeras que adornarían su ataúd.

17.3.09

Goodbye sweet romance, i'm flying away now...

Sux cual pasto del monte, reverdece

No me gusta hacer propósitos de año nuevo y en general, prefiero que las cosas fluyan. Claro, tampoco creo en la generación espontánea pues sé que todo requiere de pequeñas o grandes acciones. Y bueno, la onda es que en los últimos días del 2008 y los que van del presente, me puse a pensar en lo qué hacía, qué tanto me llenaba, qué tan bien me sentía. La balanza se inclinó más de un lado que de otro y me topé con que no todo en lo que andaba, específicamente mi chamba, era congruente conmigo.

Sé que no todas las personas tienen la oportunidad de hacer lo que les gusta, de disfrutarlo. Y creo que por ello cada vez hay menos sonrisas en los rostros con los que me encuentro. La primera vez que dejé un empleo fue porque ya no disfrutaba lo que hacía; tenía 21 años. Hoy a mis 20 + 8, acabo de hacer exactamente lo mismo. Lo cual es una clara muestra de que no hay esperanza de cambio conmigo.

Estoy a la espera de cosas mejores, ya hice lo que me correspondía, así que me abrazo a la paciencia con la mejor de mis sonrisas, escuchando música vieja que me trae nuevos aires, de esos que son tan buenos y necesarios en días como el de hoy.

8.3.09

...que el mundo no me cambie a mí.

Me gusta ser idealista y pensar que las cosas pueden ser diferentes. Me rehuso a creer que puede más el poder que la justicia, me niego a caer en convencionalismos, a ser conformista. Sé que a muchos nos gustaría cambiar el mundo, hacer que las cosas sucedan de otra manera. 

No me gusta ver en la calle a niños, niñas, ancianit@s, hombres y mujeres pidiendo una moneda o hurgando entre botes de basura para ver qué pueden rescatar. No me gusta que el más fuerte se aproveche del más débil ni que seres indefensos vayan por ahí sobreviviendo, pasándola nada más.

Con sentirlo y decirlo no hago mucho, más bien, no hago nada. Y eso es a lo que voy: ¿Por qué los seres humanos somos tan indiferentes? ¿Por qué somos tan egoístas? ¿Por qué caemos en el error de pensar que no basta con que uno haga un esfuerzo, si los demás lo seguirán haciendo igual? No lo sé, pero estoy cansada de las indiferencias.

Por eso escribo, por eso seguiré escribiendo. Y haré todo lo que mi voluntad me permita para no olvidar que en uno comienza todo. No quiero que el mundo acabe por cambiarme a mí.