3.2.16

Siempre hay un final

"Conforme la vida avanza me convenzo de que es muy feo destejer historias. Doloroso, más bien. ¿De qué sirve vivir tantas cosas, sentir tanto, si hay un final? Para crecer, supongo. Para aprender. Para parar, para no hacerlo. Para ser feliz. Sabe.
El caso es que hubo momentos en los que sentí que nada de lo que pasó tenía que haber pasado. Y no sólo por nosotros, sino por toda la gente a la que involucramos en nuestra historia. Por toda la gente, por nuestros gatos, por nuestros perros. Por todo lo que ahora ya no es nuestro, sino tuyo o mío. Pero no nuestro. No de nosotros. Tuyo, mío. Después pasó el tiempo, todos los sentimientos se decantaron y fue más fácil entender que sí, que al final siempre hay un final. Siempre hay un final."

24.5.14

No soy un escarabajo

Sobreviví, pero dejé de sentir amor. Fui como los escarabajos que abundan en estas fechas y convierten el piso de mi cuarto en un cementerio de insectos. Me apena verlos morir así. Llegan atraídos por la luz, mueven sus alas sin descanso para elevar sus cuerpos rechonchos que pesan, seguro que sí, el doble o el triple que una de sus alas. Por eso las mueven sin cesar hasta que se les va la vida y no pueden levantarse.
Mis alas son mis sueños y éstos, afortunadamente, fueron más fuertes que el corazón.
Por eso sigo aquí, por eso no soy uno de los bichos que yace en este piso.

¿Dónde deberían morir los escarabajos? Por las mañanas, y a falta de respuesta, recojo en una bolsa de papel a los que sobreviven, los llevo hacia el jardín y los dejo caer sobre la tierra. La tierra es mejor lugar que el cemento.

13.11.13

Disco 2000

Llegó el domingo y la hora de partir esperando un hasta luego. Nos costaba trabajo desprendernos, abandonar la cama, tu casa. Me llevaste a la central de autobuses pero no alcancé la corrida que me permitiría llegar a tiempo al trabajo. [Era la época en que los fines de semana iniciaban y concluían con tu nombre.]
El camión se iba por la carretera federal y paraba en varios poblados. Me dijiste que intentaríamos alcanzarlo en tu auto y emprendimos el viaje. Una hora y un intento fallido después logramos el objetivo. Hasta nos dio tiempo de tomarnos unas fotos en las que sonreímos con mucho entusiasmo, sin importar que nos veríamos una o dos semanas después.
Ahora ya no tienes ese auto. Ahora ya no estamos juntos. Pero si cierro los ojos y pienso en ese día, como ahora lo hago, me veo volteando a verte mientras manejas, con tu cabello largo alborotado por el viento. Cantas y sonríes mientras el paisaje verde pasa de prisa, y Jarvis Cocker nos invita a conocernos en el año 2000.

22.9.13

Fotos

No sé qué caso tiene dejarse consumir por el pasado. Ojalá los seres humanos tuviéramos la capacidad de sudar nuestras nostalgias. Sudarlas, sí, expulsarlas de nuestros cuerpos por los poros para caminar más ligeros. Porque llorar no sirve de nada, no hasta ahora. No sé por qué nos arriesgamos a ser sólo un recuerdo. Si es una decisión consciente o nada más pasa. ¿Qué caso tiene negarle amor a quien amamos cuando lo amamos? ¿Qué caso tiene reprimir el cariño? Supongo que es más fácil sanar una herida cubriéndola con miel que raspándola con una lija. Supongo que ahora sólo nos tenemos en las fotos.

19.9.13

La lluvia no tiene ganas de despedirse. Por momentos, que a veces se transforman en horas, se esconde, se va a descansar. Pero no cesa. Cae, es contundente, terca, precisa, insistente. Llueve. Su voz, la evidencia. Canta, hace posible que la vida siga siendo. Se acumula, no hay remanso. Y desata la angustia de los olvidados.